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01/08/2020 | 3 MINUTOS DE LECTURA

Nearshoring: una nueva oportunidad para la manufactura en México en medio de la pandemia

Título original 'Nearshoring: una nueva oportunidad que se le presenta a México en medio de la pandemia'
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La pandemia ha hecho que las OEM reflexionen sobre la conveniencia de tener a sus proveedores a miles de kilómetros de distancia. Por varias razones que aquí le explicamos, México ofrece las condiciones necesarias para relocalizar esa producción.

Nearshoring: una nueva oportunidad que se le presenta a México en medio de la pandemia.

El sistema de contratación internacional por el cual se transfieren ciertos procesos de manufactura de un país, industrialmente desarrollado, a otro con el fin de reducir sus costos de mano de obra se inició a mediados del siglo XX. 

De acuerdo con Gary Gereffi, profesor de la Universidad de Duke, el Offshoring o tercerización aparece en la década de 1960, con la proliferación de programas de ensamblaje en México: los llamados ‘programas de plantas gemelas’. Este fenómeno industrial dio inicios con las industrias electrónicas y automotriz, que empezaron a ‘delegar’ la producción de algunos componentes o autopartes a ciertas plantas ubicadas en México, ya establecidas o que se creaban para tal fin, con el propósito principal de reducir los costos de manufactura, que se lograban gracias los salarios más bajos de los operadores mexicanos. Muchas de esas partes producidas en México eran exportadas hacia Estados Unidos como piezas de refacción, partes para equipos originales o componentes completos ensamblados en México.  

Con el tiempo, Estados Unidos fue buscando otras alternativas de producción en distintas zonas geográficas que les permitieran mayor reducción de costos en sus procesos de manufactura y que, a la vez, ofrecieran mano de obra calificada con productos finales de buena calidad. Así fue como muchas empresas OEM encontraron varios aliados en Asia, especialmente en China, Taiwán y Corea del Sur. Con el paso de los años, estos países se convirtieron en aliados estratégicos de muchas empresas estadounidenses como un eslabón fuerte en su cadena de proveeduría.  

Sin embargo, la pandemia global del coronavirus debilitó esa estructura y ha hecho que las OEM reflexionen sobre la conveniencia de tener a sus aliados de la cadena de producción a tantos kilómetros de distancia. Sin contar, además, las tensiones comerciales y políticas surgidas entre Estados Unidos y China, que han sacado a la luz la inconveniencia de contar con proveedores tan lejanos geográfica y culturalmente.

Es dentro de esta coyuntura que aparece el ‘Nearshoring’ como un nuevo fenómeno comercial y de manufactura, que al final busca los mismos fines del Offshoring, pero con la tercerización de la manufactura hacia países más cercanos.

Por supuesto, allí entra en escena México, que tiene una frontera de más de 3,000 kilómetros con Estados Unidos y, geográficamente hablando, es el país más cercano a Estados Unidos y Canadá, que ofrece muchas ventajas para la manufactura de una diversidad de productos, pues cuenta con una industria consolidada, operadores técnicamente capacitados y un gran número de ingenieros disponibles para prestar sus servicios en las plantas radicadas en México.

Además, las ventajas que tiene México frente a sus pares asiáticos son contundentes: una relación más cercana y estrecha con la empresa matriz en Estados Unidos, que permite mejor control de la producción y menor tiempo en los procesos de toma de decisiones o cambios en los proyectos de manufactura. También ofrece tiempos de transporte reducidos, haciendo posible la entrega del producto finalizado en tiempos más rápidos. En tercer lugar, México tiene la misma zona horaria de Estados Unidos, lo que facilita la comunicación en tiempo real y el control oportuno en los procesos de manufactura. Finalmente, el otro gran beneficio de los proveedores mexicanos es que las normativas industriales y comerciales son similares a las de Estados Unidos y Canadá, basados en acuerdos comerciales bien definidos, como el caso del T-MEC, que empezó a regir el 1º de julio de 2020.

Pero una de las razones más fuertes que hacen a México un país singular para las empresas que quieran reducir los costos de producción a través del sistema de tercerización, es la puerta de entrada hacia un gran número de mercados, gracias a que México cuenta con una red de 13 tratados de libre comercio con 50 países (TLC), 32 acuerdos para la Promoción y Protección Recíproca de las Inversiones (APPRI) con 33 países y 9 acuerdos de alcance limitado (Acuerdos de Complementación Económica y Acuerdos de Alcance Parcial) en el marco de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI).

Y, a todo esto, hay que agregar que México participa activamente en organismos y foros multilaterales y regionales, como la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Mecanismo de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) y la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI).

De acuerdo con una encuesta realizada por la consultora Bain & Company, el 82% de las grandes empresas en Europa, Asia y Norteamérica tiene algún tipo de acuerdo de outsourcing, lo que significa que el 51% de dichas empresas terceriza a través de una compañía ubicada en otro país diferente al de origen. Y es allí donde México aparece como protagonista.

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